La Biblia nos asegura que cuando Dios escribe nuestra historia, podemos estar confiados que Él tiene la última palabra. El final siempre será bueno, aun cuando sea difícil hallar gracia en la enfermedad, el desempleo o el divorcio. Debemos siempre recordar que nuestros tiempos difíciles no serán el final de la historia, que estamos en la mitad de nuestro viaje. Pase lo que pase, no tenemos que cerrar el libro de la vida, no tenemos que bajar los brazos. Debemos seguir leyendo -a veces hasta el momento de llegar a la eternidad, pues en el final todo el dolor y el sufrimiento tendrán propósito y mucho sentido.

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